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IGNORA PLAN DE ENTUBAMIENTO DEL RÍO CELIO DE JACONA CRITERIO DE AMBIENTALISTAS Y ESPECIALISTAS

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En mayo de 2015 , la CONAGUA, bajo la dirección del Administrador de Empresas, Roberto Ramírez de la Parra, pactó la aprobación del denominado “Proyecto ejecutivo para la rehabilitación y modernización del Manantial Verduzco localizado en municipio de Jacona, Michoacán”. El proyecto implica el entubamiento del Río Celio que emana de este manantial, uno de los tres más importantes de esta reconocida región agrícola.

El 12 de mayo de 2017 el Coordinador Estatal de la Comisión de Aguas y Gestión de Cuencas del Estado, Germán Tena Fernández, declaró que el entubamiento del Río Celio no es un proyecto viable, pues aunado al malestar que este proyecto ha provocado entre ejidatarios y ambientalistas de la zona, y al tremendo impacto medioambiental, la medida no solucionaría el grave problema de contaminación del río.

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Sin embargo, cinco días después, el 17 de mayo, trascendió que el edil de Jacona, Rubén Cabrera Ramírez, acompañado del diputado federal Marco Cortés, y otros funcionarios, se reunieron para dar el “banderazo” de inicio al proyecto hidráulico de la Presa Verduzco, que contempla el entubamiento de unos 4 kilómetros del río que corre por esta presa, y para lo cual se ha destinado un presupuesto de 20 millones de pesos.

Habrá que verificar además, si la ejecución de este proyecto obedece a los intereses de otro proyecto más ambicioso que consiste en la transformación de la Presa Verduzco en un “Corredor Ecoturístico” desde Tamándaro, hasta el Acceso Sur y que contempla un parador gastronómico, un parque lineal, así como la creación de un museo con tres salas en la Reserva del Curutarán, para resguradar el archivo arqueológico.

Dicho proyecto se contempla en el plan 2015-2018 de Jacona. Se trata de una situación más grave de lo que aparenta.

El error de entubar los ríos

Volviendo nuevamente en el tiempo En 2011, el entonces director de CONAGUA, José Luis Luege Tamargo, Ingeniero Metalúrgico por la UNAM, aseveró que enbovedar los ríos es un gran error: “en el Valle de México el crecimiento fue desordenado y sin planeación hidráulica, los sistemas de desagüe están rebasados y la conexión irregular de cárcamos a los sistemas de drenaje ocasiona problemas en diversas zonas urbanas”. De esta manera, han sido destruidos importantes cuerpos de agua como los ríos Magdalena, Los Remedios, Hondo, Tlanepantla y San Javier.

El ambientalista veracruzano Eduardo Arana, quien es miembro de la Iniciativa de Monitoreo Ciudadano de Agua y Saneamiento en aquel estado, también señalaba que el entubamiento de ríos no sólo provoca su clausura, sino que además genera graves daños ambientales.

Nos enfrentamos a una serie políticas sistemáticas que en pocos años han dañado severamente las reservas hídricas de muchos municipios y alterado sus ecosistemas, por falta de criterio y de una correcta planificación ambiental. El argumento que acompaña para proceder a semejante ataque a los cuerpos de agua ha sido que el entubamiento permite evitar el desbordamiento de los ríos en temporada de lluvias, como ocurre con el Río Celio, por fallas de planificación urbanística.

¿Cómo se rescata un río?

Personas especializadas, (es decir, que no son administradoras de empresas, sino que su formación está vinculada con la protección del medio ambiente) de la UNAM sugieren una serie de medidas en las que están focalizadas para rescatar particularmente el Río Magdalena. Estas medidas son adaptables a cualquier cuerpo de agua que haya sido intervenido por la mano humana.

Entre las medidas que el PUEC (Programa Universitario de Estudios de la Ciudad de México) propone para su recuperación, destacan las siguientes:

Manejo forestal de la cuenca alta. Contempla la reforestación con especies nativas, atención fitosanitaria a los árboles plagados y remoción de los que se encuentren en mal estado.

Ordenamiento de las actividades económicas en suelo de conservación. Incluye la regulación de las zonas en donde los comuneros y los ejidatarios practican la agricultura y el pastoreo, así como la de las actividades de ecoturismo para que no dañen el ambiente.

Detener el crecimiento de la mancha urbana. Ésta es una medida fundamental, ya que si los asentamientos irregulares continúan su crecimiento en suelo de conservación, en poco tiempo el río no podría recuperarse.

Saneamiento del cauce principal. Detener las descargas residuales (legales y clandestinas) que se vierten en el río, así como quitar los desechos sólidos de todo tipo que hay en el lecho y en los bordes.

Saneamiento de los afluentes y tributarios. El Río Magdalena recibe agua proveniente de otros ríos menores (básicamente del río Eslava) que en la época de lluvias pueden incrementar considerablemente el caudal. Todos ellos están gravemente contaminados, de manera que para conservar limpio el Río Magdalena también es necesario sanearlos.

Recarga del acuífero. El suelo de la cuenca del Río Magdalena permite la infiltración del agua de lluvia en un nivel muy alto. Protegerlo de la erosión y potenciar esta característica mediante ciertas obras (por ejemplo, trincheras de infiltración) ayudaría a contrarrestar la explotación del acuífero.

Mejoramiento del paisaje urbano. La Ciudad de México ha crecido dándole la espalda al río; el objetivo del proyecto es recuperarlo integrándolo al espacio urbano de manera armónica.

Creación de espacios públicos. Parte importante de la recuperación del río consiste en que la gente regrese a él mediante una convivencia armónica con los espacios naturales. Un hito del proyecto sería la reconversión de la Presa Anzaldo en un espacio público (tal vez un parque hídrico o perímetro de árboles) para lo cual se requiere su dezasolve y otras obras paralelas que le permitan seguir cumpliendo sus funciones de vaso regulador.

Manejo integrado de los recursos hídricos. En varios tramos del río tal vez sea muy complicado impedir la descarga de agua residual, ya que no es fácil cambiar el sistema de drenaje de toda una región urbana. En estos casos se tiene que buscar la manera de tratar esa agua que se descarga en el Magdalena. No se está pensando en una gran planta de tratamiento, porque eso generalmente no funciona, sino en pequeñas plantas ubicadas en puntos estratégicos que permitan el reuso del agua servida sin contaminar el río.

Se contempla también el aprovechamiento del agua de lluvia para regar parques y jardines, evitar las inundaciones por crecidas extraordinarias del río y el desperdicio de una gran cantidad de agua limpia que actualmente se va al drenaje.

Involucrar a la población local. Esto es fundamental. Si el proyecto no encuentra eco y es adoptado por la gente que vive cerca del río es imposible pensar en su recuperación en el largo plazo. Para ello se requiere un cambio de hábitos y percepciones sociales sobre los ríos urbanos. De lo que se trata es de sustituir un drenaje a cielo abierto por un río vivo que es necesario para la sostenibilidad ambiental de la Ciudad de México.

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