ÉSE QUE LE MIENTE, ES SU PRESIDENTE

Está claro que EPN no rige su actuar por los principios de la ética. Está claro el plagio, está clara su ignorancia, es clara la mentira y el descaro, está clara su torpeza e ineptitud, es más que claro su oportunismo y su nulo liderazgo. EPN nada sabe del país que gobierna, del dolor de las familias de los desaparecidos y los muertos en este clima de violencia sin control, de las mujeres que vivimos con miedo, de las víctimas de cientos de delitos sin esclarecer, de la impotencia de las comunidades que no pueden defender su legítimo territorio ante el embate depredador de las corporaciones, de la explotación desmedida de los recursos, del trabajo precario, de la miseria, del hambre.

Es vergonzoso que los medios de comunicación minimicen el impacto de la investigación del equipo de Aristegui Noticias, ante la relevancia que ha tenido a nivel internacional, pero más vergonzosa es la terquedad de quienes insisten en justificar lo indefendible.

Nos ha mentido con las cifras de las desapariciones en el país, nos ha mentido con los índices de pobreza, nos ha mentido con una investigación sesgada y llena de errores en el caso de la desaparición forzada de los estudiantes de la normal de Ayotzinapa, nos ha mentido en Tlatlaya, en Apatzingán, en Ostula, en Nochixtlán. Nos engaña con el aplazamiento de una ley anticorrupción para proteger sus privilegios, nos engaña con los gazolinazos, con las fallidas reformas, empezando por su improvisada reforma educativa. Nos engaña magistralmente con una impostura académica que fue solapada por una universidad que por cierto, se ubica en los últimos lugares del ranking nacional. Nos mienten y nos engañan, todo el tiempo, y nosotros lo permitimos.

Y qué pasará cuando algún aspirante a estudiar en el extranjero esté bajo la lupa de las universidades, porque el precedente que ha sentado el actual gobierno (al que por supuesto le interesa borrar el “incidente” de la memoria colectiva) es más que motivo para despertar las suspicacias académicas, por más que las instituciones de educación superior en el país hagan alarde de su rigor y meticulosidad. Que haya ocurrido con alguien que ocupa el más alto cargo de elección popular como es el presidente es algo sintomático, sistemático, y por supuesto, totalmente despreciable.

Al subestimar la gravedad del plagio, queda en entredicho ese vínculo de confianza que debe existir entre el director de una tesis y el aspirante al título, pues no sólo la tácita complicidad tutor-pupilo se diluye o se contamina, sino que la construcción del conocimiento en la que ambos participan, también se vuelve un espejismo.

Además de exigir responsabilidades, -sí exigir, como tantas cosas que debemos exigir a este gobierno a la deriva- qué seguirá a nuestra indignación, que no sea esa burda resignación que parece que llevamos ridículamente tatuada en nuestra mexicanidad enrarecida. (Mayté Guzmán Mariscal)

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